Parece que las situaciones adversas agudizan el ingenio y las ganas de echar fuera los sentimientos que nos producen. Quizás por eso me he vuelto a sentir poeta y este es el resultado:
El viento rola
y el hedor se vuelve.
Un cosquilleo inquietante
cambia el rictus del ejecutor.
Más rabia.
Parece que su falacia
está a punto de desmoronarse.
Esperanza.
¿Será cierto?...
Va creciendo a lo lejos
un clamor incesante.
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